Saturday, January 21, 2012
Aire de jeux
¡Qué bárbaro¡ ¡Qué público tan tremendo tengo¡
Como mi PC (ordenador, para los peninsulares) se ha saturado con tantos comentarios sobre el acertijo anterior, he decidido no publicarlos.
¡Anjá¡
Y es que todo el mundo lo sabía.
Es Warren Gamaliel Harding, vigésimo nono presidente de los Estados Unidos de América.
¡¡Claro, sinvergüenzas¡¡
¡Esto se merece unas cervezas¡
Hablemos ahora del personaje.
Como ustedes saben, ochocientos setenta y cuatro mil novecientos cuatro seguidores de Sabinas Blues, el gobierno de este hombre es memorable para su pueblo.
El ciudadano fue el último nativo, de siete, del estado de Ohio, que ocupó la Domus Aurea.
Conservador y republicano, Harding y su esposa están envueltos en leyendas urbanas que no voy a reproducir aquí (póngase a leer).
Su administración, de 1921 a 1923, está considerada como un verdadero desastre, al igual que las del general Grant y del abogado Nixon.
Pero en este caso no fue por su culpa, sino por los amigotes que llevó a Washington.
Recuerdo haber leído, durante mi adolescencia, a uno de sus biógrafos más precisos (que no preciosos): “Bueno, esta gente –el gabinete de Harding– no vendió la Casa Blanca porque el pueblo de los Estados Unidos lo habría advertido”.
El asunto terminó en tragedia: el titular del Ejecutivo perdió el sentido y cayó muerto frente a la Primera Dama, Mrs. Florence Kling de Harding, el 2 de agosto de 1923.
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